Taller "La máquina de decir"

Taller de lectura colectiva y escritura creativa dictado por Rosario Ortiz.

"La Máquina de decir" es un taller de lectura colectiva y escritura creativa en donde nos reunimos a socializar textos de diversos géneros y estilos literarios.

Nos proponemos el desafío de convertir la escritura en una práctica propia y a la vez colectiva, con el fin de transformarla y crear un nuevo modo de comunicarnos que nos permita socializar y tejer tramas en comunidad.

En un mundo invadido por imágenes prefabricadas LA MÁQUINA DE DECIR nos invita a escribir nuevas realidades.

Aquí convidamos nuestras producciones literarias para que puedan leernos. ¡Que lo disfruten!

Rosario Ortiz


¡Estrenos 2021!

Niño negro

Autor: Guillermo Piemonte

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Foto: Anónimo

El niño negro soñaba.

Sus sueños eran celestes

Sin pies descalzos,

Sin tazón de pedir.

.

El mundo lo ignoraba.

Nadie sabía de él.

Sus pies pisaban el barro

Su alma era un corcel.

.

Un día le dieron zapatos

y comenzó a correr.

Elevóse a los cielos

Su liviano y frágil ser.

.

Los otros niños miraban

sin poderlo comprender.

Sus zapatos eran fuego

que viajaban con él.

.

Un viaje desconocido

Quizás un sueño de papel.

Una evasión, una súplica

Un nuevo mundo para él.

Tiña

Autor: Héctor Lara

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Ilustración: Héctor Lara

Me vi obligado a llenar la bacha del baño, esta vez quejándome por un inoportuno tajo en el dedo. En los segundos que tardé buscando el jabón y una toalla que no fuera blanca para limpiar la herida, me apuré en detener el chorro de agua fría de la canilla y lo logré un instante antes que rebalse.

Sumergí la mano y me detuve a ver como un serpenteante hilo color rojo salía desde el interior de mi falange. El hilo se hacía cinta, una cinta flameante. La cinta se volvió un paño, un paño que se extendía. Y el paño cubría toda la superficie del cuenco de porcelana y ocupaba el espacio del líquido. Podía ver sus pliegues, arrugas y hasta algunas terminaciones deshilachadas. El estanque cristalino ahora contenía jirones sanguíneos en todos sus bordes.

Bastó un un suspiro, un parpadeo, un leve movimiento para que se homogenicen esos tintes, en un translúcido velo que inundó todo, envolviéndome en una marea que enrosó mi vista mientras me ahogaba en su tejido.


Poema

Autora: Cecilia Cámara

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Foto: Satelital genérica

I

Esa hoja

Ese árbol

Ese bosque

Esa región

Ese país

Ese hemisferio

Ese continente

Ese planeta… tierra.

Tierra que expande

Planeta que contiene

Continente que expulsa

Hemisferio derecho

País explotado

Región geográfica

Bosque quemado

Árbol genealógico

Hoja de papel

II

Una puntada de agua fría

Recostada en el borde del abismo

Abismo que retrocede para ocultar dos acantilados

Dos acantilados que sostienen a tres hombres de piel negra

Tres hombres de piel negra que desnudan una conversación vacía

Vacío el abismo, vacío el acantilado, vacío el silencio

De los acantilados

III

Un trino tenue se cuela por la ventana

La luz comienza a inundar levemente la habitación

Dos cuerpos tendidos

Las cosas comienzan a desnudar sus contornos

Tres gotas se deslizan desde el techo hasta los lirios

Otra ave se impone por sobre los leves trinos

Cuatro manos abrazan dos cuerpos

La luz se apodera del espacio

¡Aplausos!

Autora: Sandra Araujo

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Foto: Sandra Araujo

Indivisible: fluido, sólido y revoltijo,

Vaivén implacable, fiesta perpetua.

Danza originaria y milenaria,

A veces apacible y otras violenta.

Inhala la Marea… aplausos

Contrae, se retira

revoltijo crujiente:

piedra contra piedra

agua crocante rodando.

Honda Exhalación,

Rechina la rompiente.

De seguido aplaude la partida

piedras húmedas de besos salados.

Manto blanco de burbujas

Corteja la alabanza.

Aturde la ovación, arenga

Evoca ecos de mares

Llanto, parto y aguas de vida….

¡Aplausos!

Que el cielo me lo explique

Autora: Gaby Colaccini

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Foto: Horacio Riveros

Rosa las guardas, la lámpara,

los tapizados, el sillón,

rosa las rosas

de su habitación.

La niña princesa dormía,

arropada de ilusión.

.

¡Despierta, mi cielo!

¡Vete ya!

Que tus zapatillas de punta

no se detengan jamás.

Salta alto, bien alto,

hasta la luna y el sol,

por favor, pídeles asilo,

mi vida, mi amor.

.

La advertencia llegó tarde

El lucero se apagó.

Se desgranó la alfombra.

El espejo se cegó.

Quedó intacto el equipaje.

El Dios del cuadro enmudeció.

.

Perdóname, bella mía

no te supe cuidar.

Debí convertirme en viento,

con todas mis fuerzas soplar

y llevarte lejos de aquí,

chiquilla,

a la montaña o al mar.

.

Vuelto su cuerpo en luz y

en azahares su mirada,

la doncella regresó.

Por las hendijas de la ventana

entró a su habitación.

Acarició las guardas, la lámpara,

los tapizados, el sillón,

y lloró sobre las rosas

que fueron rosa

pero ahora, negro dolor.

.

La casa se convirtió en mi infierno,

nunca pude regresar.

Cuánto lo siento, mariposa mía…

no pudiste volar.

Producciones literarias 2020

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